ARGUMENTO
Lo que ningún hombre puede recordar y ningún niño recuerda para contarlo… con esta maravillosa frase cerró William Saroyan, el primer capítulo de su estupendo libro, La comedia humana. Después de leer apenas tres páginas de la novela y cerrar el capítulo de forma tan maravillosa, supe que lo que vendría después no me defraudaría y, sin duda, no fue así.
Saroyan se acerca a la juventud y la infancia de la mano de dos hermanos, Ulysses y sus ojos-plato de cuatro años y Homer un niño-hombre que debe empezar a trabajar, porque su hermano Marcus está en la guerra. Así todas las tardes, después de las clases lleva telegramas por todo Ithaca, con lo que supone llevar mensajes durante una guerra…dolor,dolor,dolor.
Un libro maravilloso sobre la ética y los valores verdaderamente importantes de la vida y que lo mejor que tiene está en lo que Saroyan no escribió y dejó sugerido pero no plasmado. Como decía Hemingway, un buen cuento debe ser como un Iceberg, mostrar sólo un tercio de lo que esconde y Saroyan lo consiguió con este libro, palabra.



